Gracias por haberme llevado a ver el mar, gracias por estos dos días improvisados. Me gustaría saber mentirte, decirte que soy feliz y que me creas, pero no lo consigo. Lo que más me duele es verte tan solo cuando estás conmigo. No te culpo, pero no he hecho nada para merecer quedarme detrás de la puerta. Te encontraba más seductor cuando éramos amigos. No quiero perder a mi mejor amigo, necesito demasiado su ternura, su sinceridad. Hace falta que te reencuentre tal como eras.
Más tarde, en la cafetería, me contarás cómo te ha ido el día, yo te contaré el mío y nuestra complicidad renacerá, allí donde la habíamos abandonado. Un poco más tarde llegaremos a eso, ya verás.
Cuando salgas, deja la llave sobre la mesa.
Con cariño...
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