jueves, 5 de julio de 2012

A las 9 donde siempre.

Mi melancolía de hoy empieza a rozar límites insospechados. No sé si es porque estoy hasta los santos cojones de estudiar o porque de verdad es hora de estar melancólica. Supongo que es un poco de los dos pero tengo la sensación de que mañana, cuando acabe lo de estudiar, va a seguir siendo hora de estar melancólica.
Las cosas han cambiado. Mucho y demasiado rápido. Si conocer gente nueva implica desconocer a gente vieja, de verdad que renuncio a lo primero. O no, mejor: renunciaré a   volver a conocer a gente vieja. Si ellos se convirtieron algún día en desconocidos es porque no tenían que estar en nuestras vidas.
No sé qué va a ser de mí este verano. Tendré que estudiar, por supuesto, pero no saldrán esos planes espontáneos que son los que te hacen sentir viva. Esos de: oye, acompáñame a no se qué sitio y ¿ya nos quedamos a comer, no?, ¿te apetece un helado?, se nos ha hecho la hora de cenar, vamos a casa y nos arreglamos para salir a tomar algo.
Pero ya sabéis, yo estaré con vosotros, aunque algunos ya no esteis. Y si me necesitais: a las 9 donde siempre...