Esta puede ser la última vez que te hable, que te escriba, que te llore, que te diga que daría mi vida por morir a tu lado y gritarle al viento que fui un mal soldado.
Lejos, extremadamente lejos, intentando en vano cazar las estrellas con los dedos, echándote de menos: tu carita de melocotón, tu boca, tu pelo; mirando al cielo, implorando un tiempo muerto al dueño del universo para que escuche mis versos y me mande de regreso directo a la tierra del fuego, a tu cama en llamas...