Estudiante de medicina. Apasionada de la música y de levantarme tarde. Todo lo que ocurre en mi vida es lo que me define, tanto lo bueno como lo malo. Pero aún así, siempre sonriente.
domingo, 28 de octubre de 2012
¿Y quién me habrá mandado a mí echarte de menos? Porque, vamos a ver, dejando las cosas claras y siendo objetivos, dejando que mis neuronas (por una vez en mi vida) trabajen más que mis células cardíacas, la verdad es que no has hecho nada para merecerte que yo esté aquí tumbada entre mantas y cojines escribiendo esto. Pero ya no tengo por qué engañarme a mí misma, que ya soy mayorcita. Te quiero en mi vida. Pero, como ya hemos dicho antes, las cosas claras: no volvería a quererte en mi vida. Me das algo, me haces ser yo misma y por eso te quiero en mi vida pero también me sacas de quicio y logras que mis preocupaciones se multipliquen por dos y por eso nunca jamás volvería a quererte. ¡Qué dilema! Lo que quiero decir con esto es que eres mi metadona, que te necesito a ratos para conseguir no necesitarte nunca. Es un proceso largo y difícil pero para eso necesito tu colaboración. Lo malo de tu colaboración es que pases de metadona a heroína, que vuelvas a hacer que deshoje margaritas por ti. Y si eso sucede y sale que sí...oh,oh... Empezaría de nuevo a esnifarme tus suspiros y a pincharme tus sonrisas. Y eso no lo puedo permitir. Así que voy a dejar que mis neuronas vuelvan a descansar, porque ¡mira todo lo que he pensado dejándolas funcionar! Buenas noches bonitas, guardad energía para momentos más necesarios y dejad de malgastarla en tonterías. Ah, y buenas noches a ti, que aún a veces me gusta decirtelo...
lunes, 1 de octubre de 2012
Como siga con este planteamiento de vida no voy a llegar a ningún lado. Lo único que veo son carteles de: 'Este camino es el que siguen los gilipollas' y yo, obviamente, los sigo. ¿Cómo voy a ir por el camino de las personas normales si nunca he sido normal? A ver, lo cierto es que hubo una época en la que era normal, claro. Muy poca gente viene gilipollas de nacimiento y yo no he sido uno de esos casos. Lo mío ha sido desde un punto determinado en mi vida. ¡Y qué asco de punto, joder! ¡No se borra ni a tiros! Y mira que lo intento, eh, no penséis que quiero ser gilipollas el resto de mi existencia. Pero es que cada vez que se difumina un poco, ¡pum!, apareces de nuevo, coges un permanente y lo pintas otra vez. ¿Tú sabes cuántas lavadoras hay que poner para borrar algo del alma? ¡Muchas! ¡Muchísimas! Y tú ahí, con tu estúpida manía de querer ser artemaníaco. Y yo aquí, con mi estúpida manía de ofrecerme como lienzo. Pero ya está, se acabó, yo quiero dejar de seguir el camino de los gilipollas (¿cuántas veces habré repetido esto desde que te conocí?). Así que hoy voy a ir a la papelería a comprar la goma más buena que tengan y voy a empezar un largo y duro proceso de desintoxicación de tu tinta permanente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)