Qué bien se está cuando se está bien!
Mi vida sin mí.
Estudiante de medicina. Apasionada de la música y de levantarme tarde. Todo lo que ocurre en mi vida es lo que me define, tanto lo bueno como lo malo. Pero aún así, siempre sonriente.
miércoles, 27 de agosto de 2014
viernes, 16 de mayo de 2014
Es curioso el hecho de que todo el mundo venga a decirme cuánto has cambiado y qué poco te pega esta nueva vida que ahora llevas. Yo sonrío y asiento por simple educación. Lo que yo sé y el resto del mundo no sabe es que no has cambiado nada en absoluto, que sigues siendo el mismo con tus virtudes y tus defectos. Cierto es que incluso tú piensas que has cambiado, que debías darle a tu antigua vida un giro de 360 grados porque no te estaba yendo tan bien como imaginabas. Y tu gran problema no ha sido que no se cumplieran las enormes expectativas que tenías de la vida; tu gran problema has sido tú. Tú solo has apartado de ti tu pasado para refugiarte en esta nueva vida que has creado de la nada. Pero déjame decirte una cosa: gracias a tu pasado eres tu presente. No alejes de ti a quien una vez formó parte de tu vida porque ellos te siguen queriendo tal como eras, tal como eres...
jueves, 27 de marzo de 2014
viernes, 7 de marzo de 2014
Comparte tu vida con quien te dé la gana pero deja de hacerme partícipe de todas esas cosas que antes compartías conmigo y ahora no. No entiendes que ya no puedo seguir siendo la columna donde apoyarte cuando estás exhausto porque me voy a derrumbar. Y si me derrumbo es por todos los pequeños golpes que me has ido dando desde el día en que nos conocimos. Tengo grietas en el alma y no se van a reparar hasta que dejes de apoyarte en ella. Necesito que salgas de mi vida y me tienes que ayudar. Tienes que irte. Y te aseguro que eso me va a doler más a mí que a ti. Pero es la única forma de que vuelva a ser la columna inquebrantable que un día fui.
jueves, 13 de febrero de 2014
No sé qué mierda se te pasa por la cabeza cada vez que me hablas como si fuéramos amigos. No sé cuál es el proceso mental que te lleva a pensar que algún día lo seremos porque está escrito en las leyes del universo que jamás lo vamos a ser. Y tú empeñado en que sí y yo empeñada en hacértelo creer porque es la única manera de que no me trates como una puta mierda. Y, aún así, cada vez que me acuesto pienso en cómo de mal me haces sentir y me repito una y otra vez que me levantaré al día siguiente con una mentalidad distinta, que me darás igual, que tú y tus circunstancias seréis invisibles. Pero no, ahí estáis día tras día. Y esta situación me cansa. Me cansa ir por la calle mirando al suelo por si nos cruzamos y perderme la vida que hay a mi alrededor. Porque hay mucha aunque yo piense que solo estás tú. Y siempre me digo que éste es el último párrafo que te escribo, que la próxima vez escribiré sobre la vida, la felicidad y el cielo azul. Y, sin embargo, aquí estoy de nuevo, escribiéndote. Plasmando en unas cuantas líneas mi ira, mi rabia, mi dolor o como se llame este sentimiento que nunca me abandona. Y algún día acabarás. Pero como dicen por ahí: "algún día es una enfermedad que se llevará a la tumba tus sueños contigo". Ese algún día es una fecha que yo elijo y he decidido que algún día sea ahora mismo.
sábado, 4 de enero de 2014
Predicas el amor que no das y que quieres recibir y, siento decepcionarte, pero el amor no consiste en eso. El amor en silencio es el más bello amor que jamás podrás encontrar. Y no lo puedes buscar, porque llega solo. Es por esta razón por lo que no lo encuentras, porque lo vas buscando.
lunes, 16 de diciembre de 2013
El faro de la mujer ausente
Klara era una chica alegre y vital, sensible y abierta. Recuerdo haber pensado que, de ser un regalo, vendría envuelta en papel transparente, porque parecía no ocultar nada.También pensé que era el ejemplo perfecto de lo que había oído llamar "persona medicina": alguien que siempre consigue que te sientas bien. Igualmente, tenía un aire vulnerable. Daban ganas de protegerla; de darle un abrazo y decirle: "No te preocupes, no dejaré que te ocurra nada malo".
Gabriella sería un regalo distinto. Era misteriosa y sorprendente, inteligente y decidida. Vendría envuelta en varias capas de papel. Papel de colores. Quitarías la primera, creyendo descubrir ya el contenido, y te encontrarías con otra totalmente distinta. Podría ocurrir que, después de haber quitado papeles diferentes, unos agradables y otros no tanto, hubieses cambiado varias veces la idea preconcebida sobre el regalo en cuestión e, incluso, que estuvieses tentado de arrojar la toalla y no seguir desenvolviendo. Todo eso me había ocurrido a mí en cuatro días. Aún me quedaban envoltorios, pero estaba seguro de que merecía la pena continuar.
De Franz no podía saber si traía varios envoltorios o no, porque todavía seguía metido en el primero. En realidad, si fuera un regalo no vendría envuelto en un papel, sino dentro de una caja cerrada con un candado de contraseña de mil o dos mil dígitos. Yo tampoco mostraba especial interés en saber lo que guardaba. Más bien jugueteaba con el candado, sin prestar atención, por si sonaba la flauta.
Henry, finalmente, no parecía un regalo. O tal vez sí, pero sería uno de esos regalos que vienen con las hamburguesas, o con las revistas: no lo has pedido, pero has de cargarlo hasta casa; no quieres tirarlo, pero no sabes qué hacer con él, y te lo encuentras en cualquier rincón constantemente.