viernes, 19 de julio de 2013

Uno de mis grandes defectos es confiar en la bondad de la gente y, sobre todo, confiar en tu bondad. Una bondad que finges bastante bien pero que, en realidad, no tienes.
Los dos hemos intentado ganar esta guerra que guardábamos en silencio y que encubríamos con buenas palabras y actos supuestamente altruistas. Y yo no he sacado mi bandera blanca a tiempo, no he sabido retirarme cuando tenía que hacerlo y ese ha sido mi gran error. He dejado que ganes la guerra, que consigas una victoria que no te mereces y que va a aumentar tu ego aún más, si es que eso es posible. Me has ganado gracias a tu bondad fingida y a mi inocente confianza.
Así que ahora, ya acabada esta guerra absurda y delimitados los territorios de nuestras respectivas vidas, sólo nos queda trazar una frontera entre los dos para que, cuando nos sintamos solos, podamos regresar a esa pequeña línea, territorio de nadie, y volver a reír como solíamos hacerlo cuando tu bondad no era fingida y yo confiaba en ti más que en nadie.