jueves, 7 de junio de 2012

Pongamos que hablo de Madrid.

De Madrid o de la mierda de día que he tenido hoy. Estoy hasta los santísimos cojones de caer en lo mismo una y otra vez, así, hablando mal y pronto. No sé si es que estoy hasta los cojones de ti en general. Obvio que no, si lo estuviera, no recaería mil y una veces en esto. Esto. ¿Qué es esto? Supongo que podría definirse como un bucle de retroalimentación negativa. Me explico: tú comienzas a dar, no sé exactamente el qué pero algo me das, así que yo hago lo mismo, doy, doy y doy. Sin embargo, llega un momento en el que yo estoy desbordada de todo lo que te intento ofrecer y tú, en vez de devolvérmelo, vas dando cada vez menos. Y de esta manera, soy yo la que, poco a poco, voy dando menos también. Hasta que llegamos a cero, punto muerto o como lo quieras llamar. Y comienza el bucle de nuevo. Para simplificarlo todo un poco: a más, más pero a mi más, menos. 
Lo que iba diciendo es que te puedo aguantar de forma general. Pero no soporto cosas particulares como tu inmadurez ni cómo te gusta picarme para que vaya detrás de ti como un perrito faldero. Y lo que menos soporto de ti es ver cómo vas perdiendo a todas las personas de tu alrededor porque, para qué mentir, me duele ver cómo poco a poco te vas quedando solo. Pero es que, ¡joder!, te encanta recibir pero no te gusta dar nada a los demás. ¡Tío, abre los ojos de una puñetera vez! A tu manera las cosas funcionan un tiempo, pero no siempre y te vas a dar cuenta tú solito. Pero ya no te quedará nadie... O sí. Supongo que siempre estaré yo ahí para que me embauques y vuelva a caer en tu bucle de retroalimentación negativa.