Estudiante de medicina. Apasionada de la música y de levantarme tarde. Todo lo que ocurre en mi vida es lo que me define, tanto lo bueno como lo malo. Pero aún así, siempre sonriente.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Todo es silencio.
Malpica miró el reloj. Pensó en marchar, pero algo lo retuvo. No tenía que ver con el exterior, sino con su mente, influido por la larga espera ante una puerta que se abre y que se cierra. Y lo que ocurrió en su mente no fue una ausencia por el pequeño mal, sino el recuerdo de la ausencia. Lo que le pasaba cuando se producía la ausencia. Esos momentos de intemporalidad que, no obstante, eran muy breves. Está viendo a Leda, muy seria, midiendo el tiempo con el cronómetro de los dedos de la mano. Pero esa imagen se mezcla con aquella otra en la que tuvo por primera vez conciencia de verla. Ver la había visto muchas veces, desde niña, pero la primera vez que los ojos advirtieron su presencia y algo los cautivó para que se desentendiesen del resto del universo fue aquel día en que ella se estaba pintando los dedos de los pies. Había encontrado un frasco en la arena, con esa manera que tenía de hacer del andar un desvendar el suelo. El envase es pequeño, cónico, de cristal grueso. En la palma de la mano, y pese al polvo de la arena, el hallazgo tiene un proceder animal, una inmovilidad expectante, de ampolla roja, que se acentúa cuando ella lo moja y lo restriega con el pulgar. Y fue y apoyó el pie derecho en la roca, entre las lapas. Era un pie demasiado grande para ella. Tal vez le habían crecido ese mismo día, los pies. Consiguió abrir el frasco que vomitó el mar y con el pincel de la tapa barnizó con estilo las uñas.
viernes, 8 de noviembre de 2013
Creo firmemente que sólo una vez en la vida encuentras a alguien que puede darle la vuelta a tu mundo completamente. Contarle cosas que nunca has compartido con ninguna otra alma. Una persona que absorbe todo lo que dices y que, además, le gustaría oír más. Alguien con quien compartes tus esperanzas para el futuro, los sueños que nunca se harán realidad, las metas que nunca fueron alcanzadas y todas las decepciones que has sufrido en la vida. Cuando te pasa algo maravilloso, no puedes esperar para contárselo, sabiendo que compartirá tu emoción. Alguien a quien no le da vergüenza llorar cuando sufres o reír cuando haces tonterías. Alguien que nunca te haga daño ni nunca te haga sentir que no eres lo suficientemente bueno sino que prefiera hacerte crecer y enseñarte esas cosas de ti mismo que te hacen especial. Nunca hay presión, celos o competición, sólo hay calma cuando estáis juntos. Alguien con quien puedes ser tu mismo y no preocuparte de lo que pensará porque te quiere tal como eres. Las cosas que parecen insignificantes para la mayoría de las personas, como una nota, una canción o un paseo, se convierten en tesoros incalculables guardados en tu corazón para mantenerlos siempre. Recuerdos de tu infancia vuelven y son tan claros y vívidos que es como si fueras joven de nuevo. Los colores parecen más claros y brillantes. La risa parece formar parte de tu vida diaria cuando antes era infrecuente o ni siquiera existía. Una llamada telefónica durante el día te ayuda a sobrellevar un largo día de trabajo y siempre pinta una sonrisa en tu cara. En su presencia, no hay necesidad de continua conversación y, sin embargo, te das cuenta de que eres feliz sólo por tenerlo cerca. Las cosas que nunca te interesaron se vuelven fascinantes porque sabes que son importantes para esa persona que es tan especial para ti. Piensas en esa persona en cada momento y en todo lo que haces. Las pequeñas cosas comienzan a importar, como el cielo azul, la suave brisa o incluso las nubes tormentosas en el horizonte. Abres tu corazón sabiendo que existe la opción de que te lo rompan un día pero, abriéndolo, experimentas un amor y una alegría que jamás soñaste. Te das cuenta de que ser vulnerable es la única manera de permitir que tu corazón sienta verdadero placer; un placer tan real que te asusta. Encuentras fuerza sabiendo que tienes un verdadero amigo y, posiblemente, un alma gemela que te será leal hasta el fin. La vida parece completamente diferente, emocionante y que merece la pena. Tu única esperanza y seguridad está en saber que esa persona forma parte de tu vida.
miércoles, 30 de octubre de 2013
Que sigas siendo mi inspiración después de tanto tiempo es, cuanto menos, curioso. Lástima que antes me inspiraba tu sonrisa y cómo me mirabas y ahora me inspira el recuerdo de todo aquello que un día pudimos llamar amor. Duele ver cómo te comportas con los demás de la manera en que te comportabas conmigo. Tan genial, tan expresivo, tan tú. Y, ahora, ¿qué me queda? Un recuerdo al que me aferro por miedo a perder la inspiración y no lograr encontrar palabras ni para definirme a mí misma. Porque sin tu recuerdo, no hay yo, no hay inspiración, no hay nada. Queda un vacío en mi alma y un dolor perenne en lo más profundo de mí. Y tú, que antes eras mi salvación, mi claridad, mi remedio, ahora eres dos cosas: dolor e inspiración.
jueves, 24 de octubre de 2013
You. Again. Every time I think you're gone, you're back. And that really upsets me because you don't give me enough time to totally forget you. In spite of that fact, I like you're back. You know it and you make the most of my innocence. The innocence of thinking you're not going again, you're not forsaking me, you're not forgetting me. But you will and then I'll think that everything we've been through wasn't worth it. And when I'm pretty sure this shit is gone, you'll be back. And then I'll think this will be worth it. You know, is a loop. A loop I would like to break but I can't because right now is the only thing that tie me to you.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Esta situación es, como poco, un tanto extraña. Pero, ¿qué no hay de extraño en nosotros? Atrás quedaron ya las largas conversaciones y las miradas cómplices y nos limitamos a saludarnos con educación; una educación que no queremos. En lo más profundo de nuestro orgullo sé que queremos aparcar el 'hola' y hacer resurgir la complicidad y, aunque no sé si me creerás, cada vez que recuerdo que ya no somos lo que fuimos me duele hasta la más insignificante parte de mi cuerpo. Pero he aprendido a convivir con el dolor y, si bien de vez en cuando nos peleamos, ya sabemos aguantarnos el uno al otro. Y, al fin y al cabo, no es tan malo. No está nada mal que el propio dolor te conozca tanto que te consuele cuando te duele el alma.
martes, 27 de agosto de 2013
Sabes que todavía me cuesta hablar de ti y creo que es normal porque en ese juego no había reglas. Sabes que se me quiebra la voz cuando me cruzo contigo en las fotos y sabes que mi corazón se pierde porque piensa demasiado en ti. Así son las cosas. Me hubiera encantado cogerte de la mano durante más tiempo y que mi dolor durara solo un instante. Y sabes que, al menos, espero que me oigas.
Es duro romper el silencio a pesar de los gritos, a pesar de las fiestas; es duro combatir la ausencia sólo porque esta gilipollas fue a su bola. Y nadie logra comprender que cada uno tiene su propia historia. Me dijeron que tenía que esperar, que la pena se vuelve irrisoria. Así son las cosas.
Me gustaría decirte que estuve orgullosa de haber sido, al menos un día, tu amiga, tu hermana, pero la vida da muchas vueltas. Así son las cosas.
Es duro romper el silencio a pesar de los gritos, a pesar de las fiestas; es duro combatir la ausencia sólo porque esta gilipollas fue a su bola. Y nadie logra comprender que cada uno tiene su propia historia. Me dijeron que tenía que esperar, que la pena se vuelve irrisoria. Así son las cosas.
Me gustaría decirte que estuve orgullosa de haber sido, al menos un día, tu amiga, tu hermana, pero la vida da muchas vueltas. Así son las cosas.
jueves, 22 de agosto de 2013
Nunca lo vas a reconocer porque te encanta negar la evidencia para así poder construir tu propia realidad pero me lo has vuelto a hacer. Otra jodida vez. Y otra vez de nuevo a empezar sin ti. No voy a decir que sea fácil pero la costumbre ha hecho que sea algo monótono y rutinario así que lo hago sin más. Porque es lo que me queda ahora que me faltas tú. Y cuando ya no me hagas falta y termine la rutina, volverás. Otra jodida vez. Pero esta vez será diferente porque, como ya tuvimos esa charla, tendrás que reconocer que lo has hecho mal -otra vez-. La duda de si debo perdonarte y hacer como si nada hubiera pasado recorre mi cabeza una y otra vez aunque sé perfectamente que lo haré. Otra jodida vez.
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